Cruzando Fronteras

10 09 2008

Esta es la historia de dos capullos que un día de este verano intentaron y de hecho cruzaron la frontera del fin del mundo, una entre Bosnia y Montenegro, tal y como lo recogí yo en mi diario de viaje:

…la carretera va empeorando, cuando llegamos a la frontera es ya cutre. La barrera está bajada pero allí no hay nadie, tenemos que pitar para que los guardias salgan de la garita. Les damos el pasaporte y a esperar. Al final el tío se queda 15 minutos con los pasaportes, no sabemos que están haciendo. De repente mi HoseHey, que diría la más grande, dice: -Se notará el cambio de país en la carretera o serán panyugoslavas (refiriendose a cuando Bosnia y Montengro eran un sólo país y se supone que un mismo nivel de infraestructuras más o menos). Una frasecita que pasará a la historia.

destroyed

Al final nos dan los pasaportes y levantan la barrera, 25 metros más allá está la frontera montenegrina. En esos 25 metros la carretera ya ha cambiado, pero a peor, más estrecha si cabe y más cutre el piso. Los guardias de la frontera deben de pensar que nos hemos perdido ¿a dónde coño irán estos dos? Y nosotros en el coche descojonados de risa, con la Lonely Planet, consabida guía-biblia del viajero independiente, bastante seguros de nosotros mismos, pero sin saber la que se nos viene encima. Así que nos reímos despreocupados convencidos de que en ese instante, delante de esos dos guardias de frontera con cara de poquer somos el paradigma del viajero, qué digo del viajero, del viajero indie, que digo indie, del aventurero. Pero la realidad, que ellos conocen, dice que somos dos putos turistas en un Fiat Uno nuevo y estupendo y con la troley en el maletero que van a pasar un mal rato, por ir de Willy Fogs.

Por fin los guardias de Montenegro nos dan el OK, han tardado otro misterioso cuarto de hora, Nada más pasar la barrera la carretera vuelve a empeorar, parecía imposible, pero como dice mi padre “a todo hay quien gane”. Por esta carretera no pasan dos coches ni de canto y de regalo en el centro tiene una estupenda ralla de gravilla. En este estado de shock, alucinación y expectación, pasamos por un pueblo, sus 5 habitantes, de 16 a 75 años están de tertulia junto a la carretera y nosotros pasamos de largo en nuestro coche, en plan Bienvenido Mister Marshal, osea sin parar, pero saludando como infantas. Lógicamente pasan de nosotros como de la mierda, pero le oigo al chaval que dice algo así como croatas, parece que han estado jugando a adivinar la nacionalidad de los que pasan por el pueblo, que deben de ser dos al día, pero no se pueden imaginar que dentro del coche croata van dos españolitos.

Pasados unos pocos km llegamos a otro pueblo, más o menos de la misma dimensión, aquí la carretera se bifurca. Cojo el cruce a la derecha, intentando adivinar lo adecuado, porque señales no hay y hacia la derecha he visto que la carretera pierde su casto nombre y se convierte en camino forestal. macadam road llama el mapa a las de este tipo, 20 metros más allá.

La decisión ha sido acertada, hemos cogido la carretera principal, lo se porque se convierte en macadamia, como los helados de Hagen, en 25 metros y 5 metros más de asfalto le dan a la carretera su empaque. Yo tiro p’alante, no nos vamos a volver a la frontera con la cabeza gacha para ver como el pueblo de una sola familia y los 4 carabineros (dos bosnios y 2 montenegrinos) se parten la caja mientras deciden quien ha ganado la apuesta de si este par de catetos tardan más o menos de media hora en darse la vuelta. A todo esto mi HoseHey pregunta:- ¿Seguro que es por aquí? y yo: – pues tendrá que ser, no hay otra, aunque para mi pienso que habíamos elegido una ruta, cutrosa, pero asfaltada.

La cosa se va poniendo fea, con curvas, pedrolas (madacamias que les dicen), agujeros, gran pendiente y de repente: ¡¡¡un autobús!!! que se aparece en una curva a toda hostia, a este las nueces de macadamia se la transpiran, por decirlo finamente, además el bus es de cuando el mariscal Tito unificó Yugoslavia, y ya ha llovido. A todo va cargado hasta los topes, no sabemos a donde se dirige toda esa gente, porque con el aforo de estos pueblos es muy muy limitado.

Para acabar de cagarla llegamos a un cruce y va y hay una señal. La señal indica un pueblo que no sale en el mapa, en este caso es MiHoseHey, que diría la más grande, quien toma la decisión de seguir por la pista por la que veníamos. Por fin, tras unos 25km de macadamia groso modo y una hora y media de nervios pensando si nuestro destino no será la nada o que en cualquier momento un pedrolo nos destrozará el motor del ya polvoriento Fiat Uno de alquiler, llega el asfalto, por fin, y un rato después uno de los pueblos del mapa. Estamos salvados, somos los perfectos lonely travelers.

Al fondo Durmitor

Solo me queda decir que por supuesto esta ruta no venía en ninguna guia, lo cogimos porque en el mapa era el camino más corto entre dos puntos, habíamos pensado “total 36 kilómetros de mala carretera no van a ningún lado…” Eso sí los paisajes merecieron la pena. Vaya par de Doctores Livingston supongo.


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4 responses

10 09 2008
lifeonmars

Hola, doctores Livingstons, supongo.
¿Qué tal, guapo?
Que ya estoy de vuelta y más o menos reintegrado en la vida “ordenada”.
Que veo que vuestros viajes han sido estupendos, y que digo yo que ya va siendo hora de quedar para contarnos de nuestros viajes y nuestras cosas, ¿no?
Besos

11 09 2008
ikichi

Ké divertido es viajar!!!! Esas cosas que en un momento determinado te acojonan son las que ahora recordamos y nos hacen reir, se convierten en anecdotas. Que sepas que os he imaginado en el coche saludando cuan infantas y he visto perfectamente a los paisanos y me ha hecho reir. un besote.

11 09 2008
Gayhetera

Copón, como pa seguir el gps

13 09 2008
Pastis

ja,ja, sé lo que se siente. a nosotros no pasó algo parecido en las bosnias y las señales en cirílico para más inri. Y sin loneys ni ná, a pelo!!