
Bises incluidos, esto es, más o menos, lo que exactamente duró el concierto de los Lemonheads el miércoles pasado en la Joy Eslava de Madrid. Evan y sus dos compas de grupo se fueron del escenario así como quien no quiere la cosa, acabando el concierto casi con desgana y no con una apoteosis, como se merecía un superconcierto como este. Yo tenía muchas razones para venir a ver los Lemonheads: fueron mi grupo favorito durante mi época NYC, corrían aquellos del walkman, todavía, y simpre llevaba atronando mi cassette – home-grabada of course- de It´s a Shame About Ray y en el bolsillo la de Comon Feel the Lemonheads, o viceversa; tocaron en el aniversario del CBGB y por supuesto no puede conseguir una entrada, con un aforo de 300 y pico, el papel en circulación no daba ni para los amigos del taquillero; además Evan Dando siempre fue mono, bueno guapo y además atractivo, que algunos guapos oficiales de atractivos no tienen nada; el último motivo era ver si el chico se había recuperado después de pasar una larga temporada en drogas y una más larga todavía en olvido. Este concierto tenía el morbo de ver si una vez más, ese que se retiró vuelve para recaudar y se casca un truño-directo de circunstancias o, si estaba en plena forma.
En la puerta me confiscaron la cámara de fotos, por primera vez en mi vida. Me ofrecieron una acreditación de fotógrafo, pero no me apetecía nada meterme en el foso, darme de codazos y no disfrutar del concierto entre el público como siempre. Acerté, porque a la segunda canción ya tenía el bello de todo mi cuerpo en pie de guerra. Evan no sólo estaba cantando bien, sino que además se empleó a fondo con la guitarra, interpretando uno tras otro sus grandes éxitos, con su preciosa melena rubia tapándole la cara ¿Qué más se puede pedir? Incluso a ratos, mientras visualizaba mi walkman y mis cassettes ya desparecidas, hasta de mi memoria, me olvidaba del olor a sudado rancio que invadía mi pituitaria y diréis, claro en un concierto ¿qué quieres? quiero que la gente se duche. Nunca había soportado un tufillo así tanto rato seguido. Lo que no puede soportar fue a la típica niñata que gritaba como si el hubieran pisado un callo y que estuvo jodiendo todo el concierto, yo les recomendaría a estas niñas-mosca-cojonera que se leyeran el diccionario de al RAE para que aprendan la diferencia entre canta y gritar y, por supuesto, legislaría para que las promotoras tengan que hacer un casting en puerta con Miki Puch y a Risto Mejide.

Para el recuerdo aquella foto del la portada del Interview de Dando ahogado en limones, a falta de material propio…
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